lunes, 3 de agosto de 2015

CURSO ELEMENTAL SOBRE LA FE EN DIOS




CURSO ELEMENTAL
SOBRE LA FE EN DIOS





Margarita María Niño Torres










NIÑO EDITORES
2011

NOTA INTRODUCTORIA

El tema de la fe motiva muchos interrogantes y suscita actitudes muy diferentes en los hombres y mujeres de nuestro mundo actual.
Yo he sido maestra por largos años y, aunque mi especialidad de trabajo fue siempre en el área de la matemática, pude constatar que los asuntos religiosos tienden a producir en los jóvenes reacciones encontradas: exaltación y rechazo, apatía, negatividad, temor a castigos no claramente diferenciados a la vez que casi odio a todo lo que tiene que ver con iglesias y culto, porque identifican lo religioso como la fuente de todas las normas morales o autoritarias que coartan su libertad.
Para mí la fe es ahora un lugar interior de recuperación de la tranquilidad, de reencuentro con mis metas medio fallidas pero no por eso imposibles de lograr aunque el tiempo corra y no vea éxitos notorios. Es una fuente de serenidad el poder revisar los hechos y mi situación actual y volver a los principios de los cuales no he renegado aunque no les haga mucho honor mi andar desigual por este mundo, andar que durante algunos períodos ha ido francamente en retroceso.
Es por este beneficio real que para mis años viejos significa la flor de la fe, tantas veces ignorada, por períodos largos escondida, pero hoy viva y fresca, que me he decidido a compartir con quienes quieran conocerlas, esas bases elementales y comunes que siempre son posibles de llevar a la vida de alguien que desea aproximarse a un sentido religioso de la existencia, sin importar denominaciones, cultos, credos, ni obligaciones fijas. Por esto llamo a este escrito 'Curso elemental sobre la fe en Dios'.
Por mi vieja costumbre de enseñar, lo he llamado 'Curso' y lo he dividido en quince unidades, cada una de las cuales expone en la forma de pensamientos cortos algún aspecto del vivir religioso. Así será más fácil tener al comenzar el día un pensamiento sobre el cual volver a lo largo de la jornada. Dos o tres minutos son suficientes.


Deseo que este escrito pueda ser útil a alguien en alguna parte,
la autora.
CURSO ELEMENTAL SOBRE LA FE EN DIOS




UNIDAD No. 1


1. Necesitamos dedicar un espacio en nuestro día interior y exterior para pensar en Dios.
Para que la Fe llegue a desarrollarse realmente, debemos dedicar alguna parte de nuestro tiempo para concentrarnos en silencio y tratar de encontrar la fuente de nuestra espiritualidad. Resulta imposible lograr esta concentración mientras nuestro cuerpo y nuestra mente están ocupados en los asuntos que diariamente atendemos. Por eso conviene mucho separar un espacio diario, como una práctica fija, para dedicarlo. No tiene que ser mucho tiempo. Podemos empezar por unos minutos.


2. Si Dios existe, ¿qué puede ser más importante que encontrarlo?
Todos los humanos hemos de morir. Aunque nuestra vida sea larga, muy larga, tendrá un final aquí en la tierra. Si la vida no es un accidente que unió elementos y moléculas y activó la aparición de los seres vivos más simples y, luego ellos, también accidentalmente se fueron integrando en nuevos seres... hasta llegar al hombre..., si no fue accidentalmente, entonces, un creador planeó y llevó a la existencia los elementos necesarios para que un día los humanos camináramos sobre el planeta. Si esta es la realidad, ese creador existe, es a quien llamamos Dios, es quien tiene el poder de permitirnos vivir después de nuestra muerte corporal, y si esto deseamos, lo más importante que podemos hacer es tratar de encontrarlo.


3. Si pensamos que Dios no existe, seamos honestos para que nuestra vida tenga sentido.
Si aceptamos que todo lo que existe, incluido el ser humano, es fruto de un accidente inconsciente de la naturaleza, entonces, asumimos alguna de las dos actitudes siguientes: a) dejamos que la vida que tenemos siga su curso, sin intentar cambiar ni mejorar nada, sobreviviendo sin más deberes ni responsabilidades que cumplir las leyes humanas que nos pueden castigar y conseguir el sustento para la familia, lo que siempre exigirá esfuerzos a la mayor parte, hasta el día de nuestra muerte, o: b) asumimos una responsabilidad hacia la humanidad del futuro y nos proponemos dejar para ellos un mundo mejor, trabajando con ahínco mientras tengamos fuerzas. Esta segunda posición de mayor honestidad dará sentido a nuestra vida y nos permitirá morir con el sentimiento y la satisfacción de haber vivido con dignidad y de dejar algo de valor para los que vienen detrás.


4. La fe es una elección de la voluntad guiada por motivaciones intelectuales.
¿Cómo elegir el fundamento de nuestra fe? Nuestra mente nos presenta algunas motivaciones a favor de creer en una u otra de las dos afirmaciones: Dios existe, ó Dios no existe. Nuestra propia historia de familia y de infancia suele ser el principal motivador hacia la elección de fe que tomemos: padres que creen en Dios y además son amorosos, influyen en sus hijos y los disponen a elegir la misma fe. Padres materialistas, sobre todo si son amorosos con sus hijos pequeños, también los disponen a compartir su posición intelectual de que Dios no existe. Sin embargo, de una u otra forma, por las razones que sea, así resulte en consonancia o en contradicción con la educación que recibimos, en algún momento de nuestra vida tomamos la decisión de adherir nuestra voluntad a una de la dos afirmaciones. A partir de ese momento, se inicia nuestra vida de fe.


5. Creer en que Dios existe o creer en que Dios NO existe, es hacer uso de nuestro libre albedrío.
La posibilidad de elegir la fe es lo que llamamos libre albedrío. Es una decisión que nos pertenece por entero y sobre la cual tenemos total control. La tomamos interior y personalmente y podemos hacerla pública o no. También podemos, si nuestra mente llega a la conclusión correspondiente, cambiarla, porque ese libre albedrío nos acompaña a lo largo de toda la vida.

6. Para elegir nuestra fe es necesario comenzar por pensar acerca de las opciones y tomar la decisión con sinceridad.
Debemos analizar sin temor los motivos que nos mueven tanto a elegir una opción de fe como a rechazar la otra, hasta que tengamos claras las razones en las cuales nos apoyamos. Entonces podemos decidir con sinceridad.

7. Vivir de acuerdo con la elección de fe que hemos hecho es ser honestos.
Una vez hemos adherido nuestra fe a una de las dos posiciones, debemos acomodar nuestra vida a esa elección. La honestidad es el acuerdo entre aquello que creemos y la vida que vivimos.

Nota: En adelante llamaremos "creyente" a quien ha elegido creer que Dios existe y nos referiremos a esta elección como "la Fe en Dios"




UNIDAD No. 2

1. La fe en Dios, una vez elegida libre y sinceramente, se convierte en una fuerza que crece e ilumina el camino de cada día.
En la vida del creyente, el paso más difícil es el primero, el de elegir creer en Dios y decidirse a vivir de acuerdo con esa elección. Una vez hecho esto, la mente empieza a hacerse más perceptiva de todo lo bueno que se deriva de este renacer en el espíritu como hijo de Dios. Aunque muchas dudas persistan, si el nuevo creyente reitera para sí mismo, cada día, su voluntad de continuar en la búsqueda del conocimiento de Dios, irá encontrando una mejor apreciación de la armonía del universo y sentirá que crece la serenidad y la alegría verdadera en su interior.

2. Cuando algo golpea al creyente de una u otra forma, debe buscar con su mente algún nexo entre tal situación y aquello que eligió creer.
El tema del sufrimiento en esta vida parece ir en contra de la idea de Dios como Padre lleno de bondad. Sin embargo, el hombre creyente, en medio de un sufrimiento, trata de mirar hacia adelante buscando encontrar en una visión mental del futuro, los efectos que el dolor del momento puede tener y que se relacionan con la realidad de la existencia de Dios y con el hecho de ser hijo suyo. Así un padre que sufre por la muerte de su hijo, tiene que llorar, pero su fe en Dios sin duda lo impulsará a mirar, desde la perspectiva de 'vida eterna', que esa muerte prematura fue solo un accidente que no cambiará el futuro de sobrevivencia feliz, tanto de su hijo como de él mismo. Por larga que sea una vida, después de la muerte es casi nada lo que sobrepasa a la de alguien que dio el paso treinta o cuarenta años antes.

3. Por qué culpar a Dios por lo que nos hace sufrir?... generalmente son accidentes o simples consecuencias de actos humanos propios o ajenos.
Las relaciones de causa-efecto siempre se cumplen. Dios, aunque tiene el poder, no suele intervenir en contra de la ley de la causalidad. No es por el camino de los milagros por el que Él pretende nuestro amor y nuestra confianza. Debemos saber qué consecuencias pueden tener nuestros actos y pensar antes de actuar, o tomar lecciones de sucesos desafortunados acaecidos antes a nosotros mismos o a otras personas...

4. Si un gran sufrimiento nos llega, antes de culpar a Dios, busquemos la señal indicadora del camino a seguir.
¿Qué puedo hacer ahora? se pregunta con rectitud el creyente que está ante una situación dolorosa que parece derrumbar toda su voluntad de vivir. Sin aspavientos ni teatralidad, Dios contesta en la forma de pensamientos en la propia mente del hombre que sufre, o de circunstancias nuevas a su alrededor, o de palabras de alguien... que le sugieren un camino a seguir. El dolor no termina aún pero la esperanza se hace presente y la herida comienza a sanar.

5. Cien años son casi nada en la historia de la humanidad; pues dentro de cien años... ¿qué quedará de este sufrimiento y de mí?
Piensa en la brevedad de todo y encontrarás una base firme para consolarte: Si crees en Dios, sabes que algún día verás el sufrimiento de hoy como un paso difícil que quedó atrás en tu camino. Si crees que Dios NO existe, sabes que el sufrimiento de hoy también terminará.

6. A la luz que tu fe irradia empiezas a entender el por qué de hechos que te parecen absurdos o injustos.
Si tu voluntad es recta y sincera en la elección de tu fe, encontrarás que es falsa la opinión común de que la enfermedad y los sufrimientos son castigos de Dios. Dios ama a todos, ricos y pobres, enfermos y sanos, sabios e ignorantes. Los detalles de la vida de cada uno no son mandatos de Dios sobre él, pero si en su corazón cree verdaderamente, se convertirán en peldaños para subir hasta Él.


UNIDAD No. 3

1. El amor humano, ese amor que llena el pecho de dulzura, puede durar o puede terminar. Si dura, cuán longevo puede ser?... tanto como tu fe.
Todos los sentimientos superiores, quiere decir los que no están ligados exclusivamente a lo material y corporal, si son puros y nobles tienen un elemento de eternidad para el creyente. Puedes estar seguro de que el amor verdadero a los padres, a los hermanos, a los hijos, a los amigos, a la pareja, no muere con el cuerpo; no así el sexo y el placer que se acaban cuando morimos. Por tanto habla con los que amas para que ellos también busquen a Dios y después de esta vida, vuelvas a encontrarte con todos.

2. No olvides que la fe es tu decisión. Si se te pierde, vuelve por ella. Al fin se hará parte de ti y ya nunca estarás solo.
Hay momentos, o días o épocas en los cuales el ajetreo de la vida, las preocupaciones, el exceso de trabajo o de diversión te hacen olvidar la fe. En cuanto recobres la calma, vuelve a revisar tus decisiones y de nuevo acércate conscientemente a tu voz interior. Esta práctica se irá convirtiendo en una compañía constante que, aún en medio de muchas cuestiones que te distraen, te manda rayos de luz y algo como un suave recuerdo de que eres hijo del Padre Dios. Ya no volverás a temer la soledad, porque no estarás solo nunca más.

3. El tiempo empleado en la venganza es tiempo siempre perdido. Pregunta a tu fe. Sigue su luz.
Cuando nosotros o los que amamos somos víctimas de algún mal ejecutado por otro u otros, nuestra naturaleza desea inmediatamente un castigo para el que nos ha hecho daño. Deseamos justicia. Es un deseo correcto y debemos dejarlo en manos de quienes administran justicia. Si nos obsesiona el deseo de 'ver que se castigue al cuplable', es muy posible que nuestro deseo de juticia haya degenarado en sed de venganza, y entonces al mal que recibimos, añadimos el que nos hacemos con ese afán nuevo, totalmente negativo, de vengar la ofensa recibida. Esta actitud elimina todo resquicio de paz, serenidad y lógica, nos esclaviza, nos puede llevar a cometer terribles errores y a pagar un precio demasiado alto. Si logramos esa venganza, ... ¿qué nos queda, de verdad, frente a nuestro ser interior?.

5. Nuestras empresas pueden ser siempre exitosas si no nos empeñamos en un único estilo de éxito.
Mientras estamos sobre esta tierra debemos ocuparnos para sostenernos, para progresar y para ayudar a que la humanidad progrese. Cada uno, con base en sus capacidades y las circunstancias particulares que le corresponden, busca la forma de salir adelante. Es asunto nuestro elegir y trabajar para lograr las metas propuestas, siempre que esas metas se correspondan con lo que realmente podemos. Si nos esforzamos mucho trabajando en algo para lo que no estamos preparados o si queremos que un negocio nos rinda gran ganancia en muy poco tiempo, lo más seguro es que nos sintamos fracasados con los resultados. En estos asuntos Dios no tiene nada que ver, y nuestra fe no es un camino para que resulten efectos que no corresponden a las causas. Los elementos que hacen triunfar una empresa humana son los conocimientos necesarios, los recursos apropiados, la voluntad firme, la atención a las circunstancias mismas y lo que ellas sugieren sobre posibilidades de mejorar, y sobre todo la perseverancia. No influyen la abundancia o escasez de oraciones, de sacrificios o de promesas a Dios.

6. El hombre creyente se alegra si su empresa avanza un paso. Sabe que todo lo importante crece poco a poco.
La fe en Dios nos ayuda a no desesperar, a mirar con objetividad los resultados de nuestros esfuerzos, a descubrir que, aunque no tan espectacularmente como habíamos soñado, vamos logrando avances, a alegrarnos por ellos y a reemprender el trabajo con la moral en alto.

7. Utiliza tus tiempos vacíos en construir ideas. Empieza por la idea de un Ser Supremo, o por la idea del ser mínimo, pero que sean tuyas.
Tal vez pensamos que en relación con Dios no nos es permitido pensar, sino solo creer sin examinarlo, en algún credo instituido por un grupo religioso, pero no es así: no hay nada de malo en tratar de pensar en Dios, en cómo imaginamos su bondad, o su poder, o su inmensidad y a medida que nos vienen ideas, contrastarlas con la vida que vivimos y las esperanzas que tenemos... Eso es construir ideas personales sobre el mundo espiritual. Si llegamos a conclusiones absurdas, pues revisemos el camino que nuestro pensamiento siguió y descubramos en dónde nos equivocamos al pasar de un estadio al siguiente.

8. Cuando vas en el autobús, cuando caminas rutinariamente hacia tu trabajo, cuando no puedes dormir aunque lo desees... construye tu idea
Muchos ratos de la vida se nos pasan como tiempos perdidos en el intermedio de actividades. Si llevamos una reflexión ordenada en torno a alguna idea referente a Dios o al mundo de Dios, podemos avanzar en ella durante esos tiempos vacíos de cada día.

UNIDAD No. 4

1. Cuando alcanzas el éxito, párate firme sobre la tierra. Es fácil perder pie cuando se está muy emocionado.
Triunfar en una tarea o empresa o competencia o... cualquier tipo de cuestión en el cual hemos puesto esfuerzo y voluntad nos produce gran satisfacción y un sano sentimiento de orgullo. Sin embargo corremos el peligro de dejarnos atrapar por la emoción del triunfo y hacer algo equivocado, como despreciar a otros que no logran lo que nosotros, o llenarnos de soberbia y creer que somos más que los demás. Saber ganar sin modificar las caracaterísticas más humanas, fraternales y solidarias de nuestro carácter, es el toque de la verdad en nosotros.

2. Cuando te sientes fracasado, también párate firme y verás que no se ha movido tu piso, a pesar de todo.
Recibir noticias de que se ha rechazado nuestra participación en un evento, o que nuestro negocio debe cerrarse, o que una enfermedad que pensábamos superada ha renacido..., puede generar en nosotros depresión y a veces sentimientos destructivos hacia todo, irascibilidad, intolerancia, abandono de cualquier esfuerzo... etc.
Estos momentos difíciles se superan con ayuda de la fe. Volver a aquéllo que elegimos como guía de conducta y buscar un enlace con ello desde nuestra tristeza o desesperación, es el camino para encontrar nuevamente un punto firme y volver a levantarnos, enfrentar el fracaso y planear las acciones siguientes.
3. Cuál es el piso en donde estás parado? Aquello que elegiste creer cuando tu inteligencia y tu voluntad actuaron sin ninguna presión.
El creyente, aunque sienta que se derrumba, encuentra otra vez la base de su fe y vuelve a afirmarse en esas verdades que eligió libremente, aunque de momento no las vea tan claras. Cree en sí mismo y en su buen juicio y se hace una reflexión similar a: "... si yo, en un momento de serenidad y consciencia, elegí creer en Dios y apoyarme en Él, entonces, hoy que estoy a oscuras, me apoyo en Dios, porque creo en mi mismo y en mi buen juicio."

4. La honestidad de tu elección de fe es lo que te permite mantener el equilibrio en los máximos y en los mínimos.
El mantenernos en paz interior y tener la capacidad de recuperar el equilibrio cuando dificultades y sufrimientos tienden a desesperarnos, es siempre posible si acudimos a nuestra fe en Dios y recordamos que para el creyente, todas las cosas se pueden convertir en fuerzas para avanzar.

UNIDAD No. 5


1. Por qué Dios permite que tanta gente inocente sufra tanto?... es la pregunta que hace dudar a quienes han elegido creer en Dios
Dios no quiere que suframos ni nos manda sufrimientos. Las cosas que nos pasan son consecuencias de causas regidas por leyes que Dios no infringe, o por elecciones que el hombre con su libertad decide tomar. Dios nos ama y desea nuestra felicidad. Cuando sufrimos, Él siempre tiene su mano llena de amor para ayudarnos a salir adelante y para iluminarnos de modo que encontremos los frutos del espíritu aún en las situaciones más terribles. Pero debemos desear esa ayuda, en lugar de dedidcar todas nuestras capacidades y energías a quejarnos y desesperar.

2. ¿Por qué tanta gente inocente sufre? ... ¿causas naturales? ... ¿errores humanos? ... ¿maldad dirigida e intencionada de otros?
Las causas naturales de los desastres en nuestro planeta provienen de que la tierra y el universo cumplen las leyes físicas que los mantienen. Cuando algo se descompensa, ellos se acomodan y ese acomodarse implica generalmente una o varias catástrofes. Es la evolución y la búsqueda de la estabilidad del mundo material. No es un desastre que Dios nos mande precisamente a nosotros. Los errores humanos que llevan a accidentes fatales provienen de falta de previsión de la inteligencia y del uso que hace el hombre de su libertad. No de Dios. Esos errores pudieron tomarse en otro lugar y tiempo, pero la ley de la causalidad se cumple inexorablemente, las consecuencias llegan aunque no nos acordemos de la causa. Aprendamos de ellas para evitar males futuros.

3. ¿Qué puedo hacer yo para salvarme y salvar a quienes amo de tantos sufrimientos que pueden llegar?
Cuídate cuando hay peligros. La maldad cultivada conscientemente y dirigida hacia otros es solamente el uso que hacen algunos de su libre albedrío y Dios respeta ese don que Él mismo concedió al hombre. Si prolifera la maldad, no te pongas en su camino. La fe no es temeraria. Cree siempre en el amor del Padre hacia ti, trata de cumplir su voluntad y podrás vivir con alegría y paz interior. Quien cree en Dios, sabe que, pese a todo el mal y el sufrimiento que puedan llegarle, puede confiar en Aquel que lo ama .


UNIDAD No. 6

1. Creo que Dios existe. Pienso en cómo es Él. No sé por dónde empezar a tratar de comprenderlo.
Entonces, trata de estar en silencio y esperar. Que tu mente no se llene de palabras... que esté atenta y deseosa de entender algo de Dios.

2. Me alegra haber decidido creer en Dios aunque no sepa cómo pensar en Él.
Que tu deseo de ser sincero sea tu oración. Dios te escucha y poco a poco encontrarás sus respuestas.

3. Habla a Dios en espíritu y sin hacer alardes.
La oración silenciosa de un momento más o menos largo en la medida del tiempo, pero profundo y sincero, se convertirá en un sentimiento de suavidad interior que hará de tu día un espacio de serenidad y paz, aun en medio de los trajines de la existencia.


4. El espíritu de Dios actúa en tu mente solo si tú lo permites y lo deseas.
Que tu oración sea abrir tu mente en silencio para que el espíritu de Dios actúe sobre ella. Él es quien más respeta tu libertad: si no lo deseas, no interviene. Tu fe, en el inicio es tu decisión, en su desarrollo es una obra conjunta de Dios contigo. Siempre puedes abandonarla. La parte de tu fe que corresponde a la ampliación de tu mente para comprender, es obra de Dios. No permitas que se malogre

5. Si otros manifiestan deseo de hablar acerca de la fe, habla con sencillez y escúchalos con atención.
Muchos son los caminos de Dios. Aunque te sientas dudoso e incapaz, es muy posible que otros encuentren a Dios a través de tus palabras y que tu propia fe se refuerce al tratar de comunicar a otros lo que tu has entendido.

6. Envuelve a todos los que amas en tu oración.
El amor verdadero es interior y tiene en sí mismo valor de eternidad.

7. ¿Tienes enemigos? Comienza por pedir la luz de Dios para ellos y para ti.
Que en tu corazón se desvanezca esa enemistad. Pídele a Dios que te ayude a convertir el desamor en un impulso hacia el progreso tanto de tu contrario como de tí mismo.

UNIDAD No. 7

1. Todo lo que crees que te falta en esta vida, terminará con ella. Que tu oración se refiera a lo que no terminará.
Puede suceder que deseemos tanto una cosa material, que haremos casi lo imposible por tenerla, e incluso pedirla a Dios en la oración. Una vez que la hemos conseguido es bueno que pensemos cuánto tiempo nos ha de durar y si el hecho de poseerla aumenta en algo nuestra aproximación a lo eterno, a lo que no muere. Si es así, fue justo el esfuerzo y apropiada la oración, pero si no lo es, mejor en el futuro no hagamos de lo puramente pasajero el tema de nuestra conversación con Dios.


2. ¿Qué le pides a Dios?... sea lo que sea que le pidas, no olvides lo esencial: que te ilumine para que encuentres el camino que te pueda llevar a Él.
Lo que realmente importa al hombre o a la mujer creyente es encontrar el camino que lo ha de conducir a Dios. La oración debe elevarse a partir del deseo sincero de llegar hasta Él.
3. Deseas mucho algo?... habla con Dios. Si crees y es su voluntad, se te cumplirá. No sufras si no se cumple. Dios ve mas lejos que tú.
Si eres sincero frente a Dios y le pides algo que está de acuerdo con su Plan Divino, seguramente eso se cumplirá; si no se cumple lo que pides para el lugar y momento que deseas, no te preocupes. Dios conoce tu necesidad y sabe mejor que tú lo que te sirve en las circunstancias que vives.


4. Tienes dudas?... no desesperes y continúa cultivando tu fe. Dios es bondadoso y quiere siempre lo mejor para ti aunque no lo entiendas.
Dudar es parte de nuestro camino de fe, como la niebla es parte del camino de montaña. En ambos lugares el secreto es seguir andando. Posiblemente más despacio y con más cuidado, pero no detenerse aunque a cada paso solo sea visible el paso que sigue.


5. Al comienzo la fe es difícil. Trata de esperar en silencio y de poner tu voluntad realmente abierta a la verdad. No tardará mucho la luz.
Piensa como un niño que atraviesa un lugar oscuro de la mano de su padre. Nada ve, ni siquiera la mano del padre ni su propio cuerpo, pero no teme. Solo camina sin soltarse y espera que aparezca la luz.


6. Tu fe te hace consciente del espíritu de Dios que vive en ti. Habla con él sin rebuscar frases. Déjale ver tus deseos. Confía en su amor.
Cuando estás inquieto y no acabas de sentir tu fe como algo firme, quédate en silencio frente a tu espíritu interior y confía en Él.




UNIDAD No. 8


1. Has recibido... los años que tienes y todo lo bueno que ha pasado y también las dificultades y la fuerza para superarlas. Da gracias.
Si hoy crees en Dios, agradece por todas las circunstancias que te han permitido llegar a este punto. El tiempo que has vivido, las cosas buenas y malas que te han ocurrido, todo queda iluminado por tu fe y por la certeza del amor recibido, a pesar de tantos errores...
2. Una vez que hemos elegido creer en Dios, pasamos a pensar en cómo es ese Dios. Nuestra propia mente puede comenzar a hacerlo...
Dios es padre. ¿Conoces padres humanos realmente buenos y generosos?... pues empieza por pensar en sus cualidades y remóntalas a Dios. Un buen padre corrige los errores de su hijo con amor, evita el uso de la violencia y nunca actúa contra el hijo mientras lo domina la ira. Un padre amoroso estimula lo mejor de sus hijos, comprende sus debilidades, respeta sus decisiones y amplía sus horizontes.


3. El hijo caprichoso trata de gobernar al padre. El padre débil y flojo cede a los caprichos. No intentes dominar a Dios. Su amor es firme.
La fe en Dios NO es el camino para obtener que Dios nos dé cualquier cosa que deseemos. Él sabe qué nos conviene y no nos va a dar nada que nos haga mal, aunque se lo pidamos. Pero siempre respetará nuestra voluntad, aunque sea para elegir por nuestra cuenta lo que esperábamos lograr con oraciones. En ese caso, cualesquiera que sean las consecuencias no se las podemos asignar a Dios.


4. El hijo de un padre bueno confía siempre en él. Y tú, ¿confías en Dios como un niño?
Aunque te parezca que Él no te oye, no dejes de confiar en el amor de tu Padre Dios.


5. Todas las características de Dios que nosotros podemos comprender, aunque sea en parte, se derivan de que Él es nuestro padre.
Podemos comprender algo en relación con la bondad, con la justicia, con la misericordia de Dios, elevándonos a ellas a partir de modelos humanos de padres bondadosos, justos, misericordiosos...

UNIDAD No. 9


1. Dios habita tu mente como espíritu silencioso siempre dispuesto a guiarte. Él es tu voz interior.
Dios no se impone al hombre. Él espera que el hombre decida libremente buscar su ayuda para ayudarlo a encontrar el camino de la paz y la felicidad verdaderas.


2. Esa chispa de Sí mismo que el Padre pone en nuestra mente es la garantía de la Divina Voluntad de hacernos Uno con Él.
Llegar a fundirnos en Dios, a ser parte de Él, tal es el destino eternamente dispuesto para el hombre que elije cumplir el plan propuesto por el Creador.
La más importante decisión de nuestro libre albedrío es aceptar o rechazar la acción de Dios en nosotros.


3. Dios tiene que ser Creador. Es el Padre amoroso que provee el espacio en donde sus hijos podemos crecer.
Dios es espíritu. No necesita de los mundos para existir. Ha decidido hacernos hijos suyos y para que podamos crecer como tales a partir de nuestra condición material, nos dió el suelo que pisamos y el aire que respiramos. Sin duda, Él creó el mundo material y nos lo dió para que creciéramos y nos multiplicáramos en él.

UNIDAD No. 10


1. Frente a tí, que crees en el Padre, se abre la avenida de su amor y felicidad. No dejes que tus caprichos te impidan avanzar por ella.
Cuando deseamos mucho algo que no logramos por nuestros medios humanos particulares, como el dinero para comprar una casa, la curación de alguien a quien amamos, la consecución de trabajo bien pagado para nosotros o para nuestros hijos, ... corremos el riesgo de disgustarnos con Dios porque no se manifiesta en respuestas positivas a nuestros pedidos. Ese sentimiento nos aleja del amplio camino del amor del Padre que nos llevaría mucho más seguramente a la perfecta felicidad.


2. Para quien está alerta, las circunstancias diarias traen consigo flechas de dirección que indican el camino.
Puedes pedir a Dios lo que quieras, pero no dejes de buscar en los sucesos de cada día la mejor forma de aproximarte a Él.


3. A medida que aumente tu confianza en el amor y la bondad del Padre, cooperarás más eficientemente en la construcción de su reino.
Poco a poco te sentirás atraído hacia la comprensión de ese "reino de Dios", del que escuchas hablar. Primero será la curiosidad, luego el estudio de lo que significa en términos de textos o personas a quienes crees, finalmente, cuando tu fe haya crecido lo suficiente en tu corazón, estarás dirigiendo tu oración para pedir que se te conceda participar en ese reino como miembro y como constructor.


4. Dios Padre, infinito en bondad, poder, justicia... es una persona que puede amar y ser amado, conocer y ser conocido.
Podemos conocer y amar a Dios. Aunque infinito, es una persona que ama y desea ser amado, que conoce y quiere ser conocido. Dios es realmente una persona que nos brinda su amistad.


5. Procura acallar tu imaginación. No la confundas con la voz de Dios que suavemente te señala el camino cuando pierdes el norte.
En todos tus actos humanos, la imaginación puede jugarte malas pasadas y llevarte por caminos que te hacen creer que lo que imaginas son cosas de Dios, cuando solamente sueñas despierto. Pide en tu oración la claridad necesaria para distinguir la voz del Padre, del alboroto que tu imaginación crea.
6. Llegaste a un punto en donde debes elegir y actuar para seguir... Si no tienes claro qué es lo mejor, espera... escucha tu voz interior.
Puedes llegar en tu vida cotidiana a un punto gris. Como si no hubiera nada que te indique qué debes hacer o por dónde continuar. Es el momento de concentrarte en silencio interior y desear sinceramente conocer la verdad. Sin duda volverás a sentir la emoción de perseguir tus metas.

UNIDAD No. 11

1.Orienta tu mente para que tu voluntad desee por sobre todo encontrar a Dios y cumplir sus designios sobre ti. Nada puede ser mejor para tí.
Orientar la voluntad no es decir palabras. Es pensar algo como: ¿qué es lo que de verdad deseo? y después de contestarte honestamente, seguir pensando en eso que quieres, a dónde te va a llevar, si es lo mejor para ti, y finalmente confirmar que SÍ es lo que deseas y continuar como vienes, o concluir que no te va a servir de mucho y elegir una nueva motivación. ¡Por qué no eliges buscar a Dios?


2. Dios espera que cada ser humano, independientemente de sus circunstancias, desee ser un verdadero hijo suyo. Tú... ¿qué deseas?
No importa lo que hagas ni tus circunstancias particulares. Si deseas ser hijo de Dios, puedes serlo y orientar tu vida, la misma que vives, con la luz de la fe. Si no sabes cómo ser realmente sincero con Dios, pídele a Él que te dé un corazón puro.


3. Dios conoce tus debilidades y siempre perdona tus faltas si tu deseo de rectitud es verdadero. Nunca podrás engañarlo. No lo intentes.
No intentes convencer a Dios de tus virtudes y sufrimientos. Él sabe lo que hay en ti. No necesita ni desea que hagas grandes penitencias ni sacrificios. Solo quiere que confíes en su amor y desees cumplir verdaderamente su voluntad.


4.Una mente humana, con ayuda del espíritu de Dios que reside en ella, puede encontrar el camino hacia Dios.
Si va creciendo en tí el deseo real de cumplir la voluntad de Dios por encima del deseo de que Dios cumpla tu voluntad, avanzas hacia Él. Lo sabrás por la alegría interior y la tranquilidad en tu mente.


5. Motivado por el pensamiento de que eres hijo de Dios, intenta permanecer silencioso y tranquilo cerca de Él.
El esfuerzo de encontrar a Dios no es la repetición mental de frases y oraciones. Es un silencio atento y un deseo sincero de oír su voz.


UNIDAD No. 12


1. La fe en Dios influye en la mente del hombre honesto tanto para formular sus metas como para cumplirlas alegremente.
La fe en Dios no es una carga añadida a todas las obligaciones del hombre que honestamente se esfuerza por salir adelante en su vida. Es más bien como un impulso suave, como una mano amiga, como un punto de apoyo casi intangible pero firme, que ayuda a mirar la vida y a elegir hacia dónde apuntar en el trabajo diario y a lograr de una forma casi inconsciente lo propuesto.


2. El creyente honesto busca cumplir sus metas humanas y cuando aparecen obstáculos sabe adaptarlos a su objetivo.
No faltan los obstáculos y problemas al creyente en la búsqueda de sus objetivos humanos. La ayuda de la fe no es la solución milagrosa de los problemas sino la luz que le va mostrando cómo superarlos y resolverlos.


3. Disfruta porque tu fe en Dios enriquece cada minuto, aun los que parecen perdidos para los fines que te propones.
Enfrenta los inconvenientes que aparecen en tu vida sin desesperarte. El tiempo extra que gastas en resoverlos se enriquece por ello. Cuando en la vida humana, por ejemplo en la vida de trabajo suceden cosas que hacen imposible el cumplimiento de las obligaciones y hacen que un tiempo largo o corto se vea perdido porque se interrumpe el ingreso o no se llega a tiempo a la entrega de un proyecto... o cualquier otro motivo de depresión ante el cual el creyente no puede hacer nada para remediarlo, pues su mundo interior le provee posibilidades de ejercitar la fe, de pensar en los cimientos de sus preocupaciones y al compararlas con esa certeza de que Dios que es su Padre las conoce, se relaja verdaderamente, aumenta su confianza, aleja el estrés y al final, sin duda ninguna, se alegrará del intervalo en el que pudo pensar y acercarse a su Padre Dios.


4. No hay esfuerzo perdido para el creyente que pone en su trabajo el deseo sincero de servir. Dios siempre ve lo que te motiva.
A veces, cuando tu trabajo de servicio a la comunidad humana parece tiempo y esfuerzo perdido porque nadie responde a los llamados, o a nadie le importa lo que le ofreces para su bienestar o, en fin, parece que fracasas en tu deseo honesto de orientar tu trabajo al servicio real de los demás mientras obtienes con ese trabajo medios para subsistir y sacar a tu familia adelante, sufres la fuerte tentación de olvidar lo del servicio y trabajar solamente por la paga... No actúes así. El trabajo parece el mismo, pero si conservas el deseo de que sirva a otros, sabes que Dios ve la pureza de tu intención y este conocimiento te animará a continuar. Trabajar solo por el pago reseca la vida interior y te torna irascible y desconfiado.


5. Si tu intención es limpia y haces lo que puedes, deja lo demás en las manos de Dios. No permitas que el estrés te domine.
La intención limpia no consiste en decir que la tienes sino en desear verdaderamente orientar tu vida y tu trabajo según lo que te propones y lo que expresas. Si esta es tu intención y te esfuerzas por lograr la meta, no te desalientes ni te angusties porque no llega el éxito. Pon tu confianza en Dios y continúa sin dejar crecer esos ataques de estrés y desesperación. No sirven sino para empeorar las cosas y enfermarte.


6.Para quien cree en Dios siguen existiendo los peligros del desaliento y del temor. Lo nuevo es la serenidad y fuerza para enfrentarlos.
La fe en Dios no te hace impasible ante el temor ni te quita las posibilidades de desalentarte cuando las cosas no resultan como deseas y te propones. Te da en cambio un espacio interior para reflexionar sobre lo que realmente logras, para mirar tu situación como en realidad es, hablar con ese espiritu de Dios que reside en ti y llegar a enfrentar el desaliento con fortaleza serenidad y decisión.
7. Puede suceder que no veas los frutos de tu esfuerzo. No desesperes. Recuerda que el grano necesita tiempo bajo tierra antes de germinar.
En tus esfuerzos por mejorar pueden asaltarte desalientos porque sigues viendo en tí los mismos arrebatos, los mismos defectos, las mismas inclinaciones que te alejan de tus ideales. Nadie te dijo que lograrías la perfección en un tiempo corto. El trigo no germina al día siguiente de sembrado ni produce fruto al apenas sobrepasar el nivel del suelo. Los grandes procesos se toman siempre su tiempo.


UNIDAD No. 13


1. El hombre que cree en Dios se esfuerza por comunicar su fe a los miembros de su núcelo familiar sin forzarlos nunca a hacer la misma elección.
El núcleo familiar del creyente: padres, hermanos, hijos, es el espacio en el cual es posible convidar a la discusión sobre la fe, pero siempre respetando el libre albedrío interior de cada uno. Claro que todos los tuyos deben saber de tí que crees, pero no están obligados por ello a hacerse creyentes.


2. A los niños mientras crecen, háblales del Padre Dios y de que tú crees en Él y que eso te hace muy feliz.
Mientras llega el momento de elegir la fe, el niño tiene fe en sus padres y percibe con nitidez lo que hay en el corazón de ellos. Por eso es natural y oportuno que les hables del Padre Dios y les enseñes que Él escucha lo que le decimos sin hacer mucho ruido. Cuando ellos puedan decidir, esa enseñanza tuya estará en el fondo de su corazón como una semilla y seguramente producirá un fruto de fe, aunque este hecho no disminuya las crisis del crecimiento y de las relaciones familiares que preceden a la estabilidad psicológica y mental.


3. No uses nunca a Dios como un vengador de los desencantos y tribulaciones que tus hijos te producen. Conserva toda tu fe en Dios y pídele en tu corazón sabiduría, pero habla a tu hijo como padre humano, sobre las consecuencias humanas de sus actos.
Cuando los niños se convierten en adolescentes deben enfrentar las crisis del crecimiento y comienzan a cambiar su fe en sus padres por la atracción de su propio y nuevo mundo. Muchas veces se tornan desobedientes, desacatan las órdenes y consejos, se alejan del orden esperado, llegan a producirnos desesperanza e ira intensa. Pero nunca, nunca debemos decirles cosas como "Dios te castigará por esto", porque eso no es así. No pierdas la fe en Dios ni en tu hijo, háblale de sus errores y de las posibles consecuencias en su vida si persiste en ellos. Si tú que lo amas, no lo haces, nadie lo hará. Aunque parezca perdido, este esfuerzo es el verdadero lazo salvador que le ayudará a tomar el camino justo.


4. Cuando tus hijos se hacen adultos, conserva sobre todo la amistad con ellos. Si es posible compartir la fe, hazlo, pero no los fuerces.
Los adultos jóvenes a veces se alejan física y emocionalmente de sus padres. Los padres actúan según ven y sienten. Lo ideal es convertir la relación anterior en una nueva de amistad y fraternidad, motivada en el padre por su fuerte sentimiento de filiación con Dios y por la fe en que su hijo también es o puede llegar a serlo si lo elige, un hijo de Dios. Poco a poco pueden llegar si no a hablar directamente de la fe, sí de las metas que cada uno busca y que deben ajustarse a los principios de honestidad y solidaridad humanas.


UNIDAD No. 14


1. Todos los hombres, creyentes o no, deben cumplir sus obligaciones hacia la sociedad. La ganancia que da la fe es interior y personal.
En el cumplimiento de los deberes humanos, la exigencia y el éxito dependen totalmente de ti, seas creyente o no. El hecho de ser creyente pertenece a tu vida interior y no cambia ni tus obligaciones ni los incumplimientos en tu trabajo ni las consecuencias de los mismos. Lo que ganas como creyente es tu alegría interior de saberte hijo de Dios.


2. Tu fe en Dios, actuando desde tu mente te da alegría y fuerza y cuando trabajas como ser humano.
La fuerza y la alegría de la fe no te abandonan, pero no te autorizan ni a ser flojo ni a menospreciar a otros. Cuida de no confundir tu fe con sentimientos de orgullo, soberbia o prepotencia.


3. La relación con Dios es interior y personal. Tus actividades sociales tienen sus propias exigencias y debes cumplirlas como humano.
Vive tu vida social como ser humano en las circunstancias de cada caso, compartiendo las ideas y diversiones sin salirte de la conducta humana honesta y apropiada. Tu vida interior sigue entre tanto su camino. En tus actividades sociales no te conviertas en predicador ni en juez de los demás.


4. Como humano debes desarrollar tus capacidades y cumplir tus obligaciones. La fe en Dios no esconde la tontería ni disculpa la pereza.
El verdadero creyente no deja de buscar superarse humanamente, desarrollar su inteligencia con nuevos conocimientos y sus habilidades físicas para hacer mejor su trabajo, practicar arte o deporte en compañía de otros humanos. El creyente mientras vive en el mundo, en su relación con los demás es un humano esforzado, alegre, buen compañero, no necesariamente predicador de la fe, pero muy digno en su vida personal y social. La fe no es una disculpa para dejar de trabajar o para hacerlo mal.


5. No pienses que tus dificultades vienen de Dios. Úsalas para mejorar y esfuérzate más.
No es verdad que pierdes el trabajo, o que te enfermas o que sufres un revés de fortuna porque Dios así lo quiere. ¡No! Lo que humanamente te sucede es siempre consecuencia de causas que muy bien pueden ser tus acciones pasadas o que provienen de los vaivenes de la sociedad humana o de accidentes que nadie controla. Lo que tu fe puede hacer por tí, si así lo buscas, es ayudarte a mantener el ánimo y a sobrellevar todos los momentos difíciles sin perder la fe y la confianza en el Padre que sabe bien qué necesitas, pero que no actuará si tú abandonas el esfuerzo.


UNIDAD No. 15

1. Antes que tu, muchos han caminado hacia Dios. Busca en sus conocimientos y crecerá tu comprensión.
Puedes recorrer tu camino hacia Dios guiado solamente por tu espíritu interior y tu voluntad de lograrlo. Sin embargo puedes también apoyarte en las enseñanzas de otros que vivieron antes que tú y comunicaron en su momento la comprensión de la verdad que alcanzaron. Si deseas, busca las huellas dejadas por otros creyentes cuyos ejemplos de vida pueden ayudarte.

2. Si ha crecido tu fe y te sientes en paz y libertad para pensar en Dios, es hora de que busques otras fuentes que te ayuden a comprender más.
Solamente tú puedes abrir tu mente y tu corazón a la fe en Dios. Una vez que lo has hecho y que has llegado a sentir que esa fe en ti es fuerte y que te da paz, quizás desees encontrar a otros que han recorrido caminos similares al tuyo para compartir con ellos la alegría de conocer y amar a Dios.


3. Puedes elegir tu forma de comunicarte con Dios en el seno de una iglesia o de una religión, pero lo esencial es lo que decides tú.
Si tu búsqueda de otros para compartir las bases y las expresiones de tu fe te llevan al conocimiento de asociaciones eclesiales o religiosas con alguna de las cuales desees vivamente compartir, hazlo siempre y cuando sea libre tu decisión y no por presiones o temores. Es preferible seguir un camino solitario hacia Dios que permanecer por obligación en un grupo que pretende poseer toda la verdad, pero cuyas acciones no te motivan ni te convencen.


4. Si has elegido integrarte en un grupo y practicar una religión establecida, no olvides que frente a Dios la relación es personal.
Cualquiera sea el grupo, iglesia o religión institucional al cual te has adherido, tu encuentro con Dios es absolutamente personal. Tu comunidad debe ser una familia para compartir momentos, para servir a los hermanos, para hablar de los temas espirituales y humanos y apoyarse mutuamente. La pertenencia a un determinado culto de ninguna manera sustituye tu búsqueda interior y personal, ni justifica acciones contrarias al amor fraternal que debe impulsarte.


5. Si participas en actos de culto, no confundas la emoción grupal con la sinceridad de la fe personal.
Así como en la vida de una familia gobernada por un padre bueno, justo y cariñoso, las fiestas en su honor que expresan una emoción conjunta de todos los miembros, no sustituyen para cada uno de los hijos la demostración del amor, la obediancia y la confianza que tiene en su padre todos los días, así los actos grupales de culto no sustituyen en modo alguno tus propios actos de fe y confianza y tu búsqueda de la verdad, la bondad y la justicia en tu relación con Dios.


6. Nunca menosprecies a otro por motivo de la confesión religiosa que practica. Preocúpate por buscar con sinceridad tu camino hacia Dios.
Así como tú elegiste pertenecer o no pertenecer a una religión o iglesia particular, así otros eligen a su vez y están en libertad de hacerlo de acuerdo con su propio criterio que puede ser muy diferente del tuyo. No tienes derecho de juzgar ni menospreciar a ninguno. Solamente preocúpate de tu propio acercamiento a Dios.


7. Si tus devociones te ayudan a mantener tu fe en Dios, cultívalas, pero no juzgues ni presiones a quien no participa en ellas.
Dios no pide nada en materia de culto grupal. Si dentro de un grupo disfrutas espiritualmente repitiendo oraciones e invocaciones en voz alta, sin duda Dios te escucha y también a cada uno según la fe de él mismo. No te sirve la fe de muchos aunque participes con ellos en grandes actos de culto si en tu corazón no tienes fe. Dios siempre escucha a quien se dirige a Él con fe, sea en medio de una multitud o en silencio y soledad.

Fin de este curso elemental
sobre la Fe en Dios



viernes, 30 de enero de 2015

SER HONESTOS

La honestidad es la verdad en la vida de cada uno. Una persona honesta es aquélla que vive de acuerdo con la verdad que cree y expresa, así sea interiormente, sin multiplicar las palabras para justificarse. Eres honesto cuando vives de acuerdo a tus verdades. Cuando no te dices mentiras a tí mismo ni a otro, cuando no engañas en los negocios ni en el amor, ni en el trabajo ni en el juego, cuando invocas a Dios deseando sinceramente creer en Él, aunque las dudas te asalten. Tu honestidad es la pureza de tu corazón. Si no crees en Dios, de todos modos tu deber humano es ser honesto.

La honestidad es una virtud esencialmente humana y no es fácil. Se requiere gran fuerza de carácter y de personalidad para permanecer honesto en medios deshonestos, para no exigir más de lo que es justo, aunque ésta sea la práctica de muchos. La existencia de lugares comunes para disculpar la deshonestidad no te libera de culpa. Aquéllo de "...si yo no me aprovecho, otro lo va a hacer", no te autoriza a abusar del más débil o a apropiarte de lo que no te pertenece.

La honestidad común es causa de la seguridad común, de la tranquilidad interna de comunidades y pueblos, de la ayuda mutua generosa y desinteresada. La honestidad de cada uno de los integrantes de una comunidad es base firme de adelanto, desarrollo, alegría y prosperidad para todos.

Mientras no exista un grupo suficiente de humanos convencidos de que solo por el camino de la honestidad podremos superar las terribles consecuencias de nuestras guerras y odios, hombres y mujeres que vivan de acuerdo con esta convicción, no prosperará la paz verdadera en ninguna comunidad, ni región, ni país, mucho menos en la humanidad como un todo.

No podemos culpar a Dios por las terribles consecuencias de los conflictos que nacen, crecen, y se alimentan de deshonestidades y mentiras, aunque esas causas sean anteriores a nuestra existencia en el planeta. Para cumplir nuestra misión en este mundo, hemos de ser honestos. Nada ni nadie puede exonerarnos de ese deber.