viernes, 19 de abril de 2013

PONER LA OTRA MEJILLA

Jesús no se defendió físicamente mientras vivió en esta tierra, pero tampoco se mostró nunca como alguien sin autoestima o bajo el peso de complejos de inferioridad. Simplemente , no insultó ni se burló de quienes lo hicieron objeto de sus ofensas... y, lo más extraño, recomendó a sus discípulos que hicieran algo que no nos cabe en la cabeza: "si alguien te golpea en una mejilla, pon la otra"...

Imaginemos a un patán que abofetea a otro hombre, no en una pelea de iguales, sino a alguien a quien considera inferior a él en fuerza, en riqueza, en prestigio, mientras añade palabras ofensivas contra su víctima, e imaginemos que una vez termina, cuando está sintiéndose muy fuerte y muy grande frente a quien acaba de castigar, éste lo mira simplemente y pone el otro lado de su cara al alcance de nuevas bofetadas...  ¿qué hará el orgulloso golpeador?... ¿reírse y golpear nuevamente?, ¿escupir y darse vuelta?, ... en todo caso, imagino que lo más seguro que puede pasar es que se le baje la ira que lo llevó al golpe inicial y, ante una víctima que permanece a la espera de nuevos golpes se sienta desconcertado y quizás inseguro de su propia grandeza.

Continúo imaginando al fortachón que vuelve a su espacio como con una espina que lo incomoda, al recordar al tonto que no salió corriendo humillado... ¿por qué? ...

Quizás esa espina de curiosidad y desconcierto dé paso a una postura más equilibrada ante el próximo evento de furia y golpes... y la resistencia del ofendido sea semilla de cambio en el ofensor...

¿Pensaría Jesús algo así?