viernes, 29 de marzo de 2013

EL ÚLTIMO DÍA DE JESÚS COMO HOMBRE MORTAL

La iglesia católica sigue siendo en muchos países la que congrega el mayor número de cristianos. En Colombia este hecho es especialmente visible durante las celebraciones relgiosas de los días de la semana santa.

Aclaro que desde los días de mi infancia he sentido un fuerte desagrado por las ceremonias del vienes santo, en particular por el llamado via crucis y el sermón de las siete palabras. Me chocan tremendamente el motivo y la forma de hacerlo.

El motivo: la muerte en cruz de Jesús. Es muy triste que circunstancias originadas en los intereses particulares de los líderes establecidos y de los gobernantes del lugar y del momento, hayan presionado los hechos, a través de la manipulación de la turba, hasta desembocar en el dramático final. Esto, sin embargo, no lo convierte en el centro del mensaje del Maestro.

La forma: la teatralidad con la cual se pretende revivir esos hechos y convencer a todos, jóvenes y viejos, que eso tan espantoso fue la voluntad de Dios para su Hijo amado, por nuestra culpa. Me niego totalmente a admitir esas razones y esa forma de estimular la imaginación, la lástima y el sentimiento de culpa en los corazones de buena voluntad.

Desde el punto de vista de los hechos mismos, la muerte de Sócrates fue igualmente injusta, y ni sus más fieles y devotos seguidores han dedicado, a través de la historia, ningún día del año a recordar paso a paso cómo sucedió. Lo que hacen es estudiar sus enseñanzas y tratar de aplicarlas a la vida.

Jesús dedicó su vida a enseñarnos quién es el Padre y cuánto nos ama, y nosotros pretendemos honrarlo reviviendo las injusticias de que fue objeto y los sufrimientos físicos que padeció en el último día de su vida sobre la tierra. Y de sus enseñanzas... qué? ¿Creemos vivamente en el amor del Padre de todos?...  Vivimos la fraternidad que implica esa fe?... Hacemos esfuerzos por ser verdaderamente sus discípulos?...

El no nos mandó a revivir su muerte sino a perpetuar su enseñanza sobre el amor. Orientemos hacia este fin nuestros actos piadosos y tratemos de avanzar bajo esta luz. Respetemos a quienes temen  separarse de las tradiciones y prácticas que equivocadamente nos dejaron nuestros antepasados, sin sentirnos obligados a participar en ellas.


lunes, 4 de marzo de 2013

UN OBJETIVO DE LA ADORACIÓN

Al final del documento 143 del libro de Urantia que narra las acciones y enseñanzas de Jesús a su paso por Samaria, los autores hacen un resumen de las enseñanzas sobre la oración y la adoración.

En particular, el párrafo 5 de este resumen dice:

"La adoración tiene el objeto de anticipar una vida mejor en el futuro y después reflejar estas nuevas significaciones espirituales sobre la vida en el presente".

Anticipar una vida mejor en el futuro:  Al buscar el acercamiento al Padre mediante el ejercicio de la adoración, nuestras facultades mentales comienzan a vislumbrar algo de la profunda y perdurable serenidad que emana de su presencia amorosa y vamos comprendiendo, por comparación, la cortísima vida y la poca importancia esencial que tienen nuestras vicisitudes y angustias... entonces, al reintegrarnos a las actividades del presente, sentimos que ha crecido en nuestra alma la certeza de que  es corto el tiempo que nos separa de esa plenitud de paz, de belleza, de bondad y sobre todo de amor, aunque parezcan muchos los años que debamos vivir aún en esta tierra.
Esta es una nueva significación espiritual que la adoración da a nuestra vida presente y con ella, sin duda, tendremos menos temores y dificultades para enfrentar los diarios quehaceres y objetivos de nuestra corta existencia material y crecerá nuestra alegría cuando  sintamos que el final se aproxima.

Termina el documento diciendo que los apóstoles solo comprendieron algunas de estas enseñanzas, pero que otros mundos las comprendieron y otras generaciones en la tierra las comprenderán...

 Expresemos al Padre nuestro deseo de comprender...