jueves, 23 de mayo de 2013

QUÉ QUIERE DIOS?

No puedo preguntarme qué es lo que Dios quiere si no creo en Él. Por esto, comienzo por recordar y tratar de ponerme interiormente en perfecto acuerdo con mi elección de fe que intento resumir diciendo:

Creo en Dios. Creo que de Él proviene todo lo creado, sea espiritual, mental o material, sea puro o sea combinación de dos o tres de estos componentes universales de todo cuanto existe.

A partir de esta fe, concluyo que Dios quiere que toda su creación progrese... que los entes materiales progresen y se perfeccionen; que las mentes amplíen su visión y conocimiento, que descubran las leyes que rigen el movimiento, la salud y el logro de felicidad posible para todos y cada uno,... que los científicos penetren en los aspectos desconocidos del universo inmenso y del microscópico... Dios quiere el progreso, el verdadero progreso que ha de ser equilibrado para que la totalidad de la creación cumpla sus fines.

Así visto, en el deseo de Dios cabe todo esfuerzo justo y equitativo que el hombre haga por conservar y mejorar los cuerpos, sean vegetales o animales, incluidos los humanos, de forma que cada nueva generación tenga mejores elementos para construir su vida de manera saludable, armoniosa, fraternal y justa.

El progreso de las mentes es indispensable para que se logre el progreso de los cuerpos materiales. La  mente guía las acciones del hombre y la educación apropiada orientará a las mentes para que esa guía lleve a todos al logro común de la felicidad. Dios quiere sin duda la verdadera educación del hombre.

El progreso del espíritu: este es el progreso invisible pero verdadero que va generando la presencia de Dios dentro de cada una de sus crituras humanas, haciendo posible para quien acepta esta acción a lo largo de su vida, que espiritualice su mente y  después de la muerte del cuerpo, pueda continuar viviendo y progresando en el reino del Padre, con todos los que como él han colaborado, mientras viven en este mundo, con el espíritu de Dios que mora en ellos. Estos son los que aceptan ser hijos de Dios y se esfuerzan en vivir como tales.

viernes, 19 de abril de 2013

PONER LA OTRA MEJILLA

Jesús no se defendió físicamente mientras vivió en esta tierra, pero tampoco se mostró nunca como alguien sin autoestima o bajo el peso de complejos de inferioridad. Simplemente , no insultó ni se burló de quienes lo hicieron objeto de sus ofensas... y, lo más extraño, recomendó a sus discípulos que hicieran algo que no nos cabe en la cabeza: "si alguien te golpea en una mejilla, pon la otra"...

Imaginemos a un patán que abofetea a otro hombre, no en una pelea de iguales, sino a alguien a quien considera inferior a él en fuerza, en riqueza, en prestigio, mientras añade palabras ofensivas contra su víctima, e imaginemos que una vez termina, cuando está sintiéndose muy fuerte y muy grande frente a quien acaba de castigar, éste lo mira simplemente y pone el otro lado de su cara al alcance de nuevas bofetadas...  ¿qué hará el orgulloso golpeador?... ¿reírse y golpear nuevamente?, ¿escupir y darse vuelta?, ... en todo caso, imagino que lo más seguro que puede pasar es que se le baje la ira que lo llevó al golpe inicial y, ante una víctima que permanece a la espera de nuevos golpes se sienta desconcertado y quizás inseguro de su propia grandeza.

Continúo imaginando al fortachón que vuelve a su espacio como con una espina que lo incomoda, al recordar al tonto que no salió corriendo humillado... ¿por qué? ...

Quizás esa espina de curiosidad y desconcierto dé paso a una postura más equilibrada ante el próximo evento de furia y golpes... y la resistencia del ofendido sea semilla de cambio en el ofensor...

¿Pensaría Jesús algo así?

viernes, 29 de marzo de 2013

EL ÚLTIMO DÍA DE JESÚS COMO HOMBRE MORTAL

La iglesia católica sigue siendo en muchos países la que congrega el mayor número de cristianos. En Colombia este hecho es especialmente visible durante las celebraciones relgiosas de los días de la semana santa.

Aclaro que desde los días de mi infancia he sentido un fuerte desagrado por las ceremonias del vienes santo, en particular por el llamado via crucis y el sermón de las siete palabras. Me chocan tremendamente el motivo y la forma de hacerlo.

El motivo: la muerte en cruz de Jesús. Es muy triste que circunstancias originadas en los intereses particulares de los líderes establecidos y de los gobernantes del lugar y del momento, hayan presionado los hechos, a través de la manipulación de la turba, hasta desembocar en el dramático final. Esto, sin embargo, no lo convierte en el centro del mensaje del Maestro.

La forma: la teatralidad con la cual se pretende revivir esos hechos y convencer a todos, jóvenes y viejos, que eso tan espantoso fue la voluntad de Dios para su Hijo amado, por nuestra culpa. Me niego totalmente a admitir esas razones y esa forma de estimular la imaginación, la lástima y el sentimiento de culpa en los corazones de buena voluntad.

Desde el punto de vista de los hechos mismos, la muerte de Sócrates fue igualmente injusta, y ni sus más fieles y devotos seguidores han dedicado, a través de la historia, ningún día del año a recordar paso a paso cómo sucedió. Lo que hacen es estudiar sus enseñanzas y tratar de aplicarlas a la vida.

Jesús dedicó su vida a enseñarnos quién es el Padre y cuánto nos ama, y nosotros pretendemos honrarlo reviviendo las injusticias de que fue objeto y los sufrimientos físicos que padeció en el último día de su vida sobre la tierra. Y de sus enseñanzas... qué? ¿Creemos vivamente en el amor del Padre de todos?...  Vivimos la fraternidad que implica esa fe?... Hacemos esfuerzos por ser verdaderamente sus discípulos?...

El no nos mandó a revivir su muerte sino a perpetuar su enseñanza sobre el amor. Orientemos hacia este fin nuestros actos piadosos y tratemos de avanzar bajo esta luz. Respetemos a quienes temen  separarse de las tradiciones y prácticas que equivocadamente nos dejaron nuestros antepasados, sin sentirnos obligados a participar en ellas.


lunes, 4 de marzo de 2013

UN OBJETIVO DE LA ADORACIÓN

Al final del documento 143 del libro de Urantia que narra las acciones y enseñanzas de Jesús a su paso por Samaria, los autores hacen un resumen de las enseñanzas sobre la oración y la adoración.

En particular, el párrafo 5 de este resumen dice:

"La adoración tiene el objeto de anticipar una vida mejor en el futuro y después reflejar estas nuevas significaciones espirituales sobre la vida en el presente".

Anticipar una vida mejor en el futuro:  Al buscar el acercamiento al Padre mediante el ejercicio de la adoración, nuestras facultades mentales comienzan a vislumbrar algo de la profunda y perdurable serenidad que emana de su presencia amorosa y vamos comprendiendo, por comparación, la cortísima vida y la poca importancia esencial que tienen nuestras vicisitudes y angustias... entonces, al reintegrarnos a las actividades del presente, sentimos que ha crecido en nuestra alma la certeza de que  es corto el tiempo que nos separa de esa plenitud de paz, de belleza, de bondad y sobre todo de amor, aunque parezcan muchos los años que debamos vivir aún en esta tierra.
Esta es una nueva significación espiritual que la adoración da a nuestra vida presente y con ella, sin duda, tendremos menos temores y dificultades para enfrentar los diarios quehaceres y objetivos de nuestra corta existencia material y crecerá nuestra alegría cuando  sintamos que el final se aproxima.

Termina el documento diciendo que los apóstoles solo comprendieron algunas de estas enseñanzas, pero que otros mundos las comprendieron y otras generaciones en la tierra las comprenderán...

 Expresemos al Padre nuestro deseo de comprender...

sábado, 9 de febrero de 2013

POR QUÉ AGRADECER?

En el transcurso de nuestras vidas tenemos experiencias de recibir ayudas generosas de otros y el sentimiento de gratitud que surge hacia esas personas nos impulsa a demostrarles afecto, respeto, lealtad, y a intentar expresarles cuánto apreciamos su colaboración. En eso consiste agradecer: no es solamente cuestión de decir gracias, sino de afianzar la relación afectuosa entre nosotros y el dador de los dones. Como los actos de un padre bueno generan en su hijo el crecimiento del amor y el deseo de parecerse a él sin necesidad de decirle palabras de agradecimiento.

Nuestra gratitud al Padre por todo lo bueno que ha puesto cerca de nosotros para que alcancemos la felicidad, nos acerca a Él y refuerza nuestra fe en su amor y nuestra seguridad de que llegaremos un día a alcanzar la suprema experiencia de verlo cara a cara. Agradecer a Dios acrecienta en nosotros la fe, nos dispone a la alegría de descubrir su amor en esas manifestaciones de la verdad, de la belleza y de la bondad que siempre están cerca pero en las cuales no reparamos por la obsesión de nuestro egoísmo o el engaño de nuestros juicios acerca de lo que nos conviene.

Dios no es interesado en sus dones ni los retira porque no los agradezcamos. Somos nosotros los que ponemos distancia entre nuestro propio ser y la alegría verdadera y realmente posible en nuestras vidas, cuando nos empeñamos en nuestros fines egoístas y parciales ignorando lo que en estas  mismas vidas se nos manifiesta como indicador de los deseos de quien nos ama con infinito amor, ese Padre que ve todos los caminos que podemos recorrer y desea que elijamos el que más directamente nos conducirá a la ansiada felicidad. Dios desea realmente que seamos felices.

Puede suceder que nos encontremos con que alguien de quien hemos recibido algún beneficio, pretenda de nosotros, con posterioridad al hecho en retorno por el favor que nos hizo, una acción dirigida únicamente a su conveniencia personal. Estas reclamaciones de falsa gratitud que son muy comunes, forman parte de las posibilidades de la condición humana egoísta y falsa, pero jamás algo parecido al cobro de beneficios anteriores nos llegará del Padre que nos ama. Él concede sus dones y jamás se arrepiente de haberlo hecho, aunque sus hijos seamos ingratos. Somos nosotros los que nos alejamos.

Agradecer a Dios es acortar la distancia  entre nuestras vidas con todo lo que tienen de bueno, de alegre, de triste, de difícil,... y la fuente eterna e inacabable de esa agua viva que sacia y refresca por siempre esta alma que a ratos sentimos  maltrecha y dolorida.


sábado, 19 de enero de 2013

PRIMERO LO IMPORTANTE

En esto de aprovechar el tiempo que tenemos, es muy claro que lo más importante debe tener precedencia sobre lo que ocupa un lugar inferior en esa más o menos definida escala de valores.

Si estrictamente nos proponemos esto, entramos en un círculo extraño de abandonar sucesivamente lo más importante para atender las mil circunstancias secundarias que se van presentando en nuestra vida y que requieren atención inmediata aunque su valor esencial sea mínimo..., entonces, cómo resolvemos el problema de manera que al final, lo más importante lo haya sido realmente?

Busquemos en nuestra propia forma de "almacenar" en nuestra mente y corazón aquello que más nos importa:

Una madre que tiene un pequeño hijo al que ama, tiene por fuerza que hacer otras cosas, pero no se olvida de su bebé, así haya tenido que dejarlo con otras personas; así deba separarse, por la fuerza de sus obligaciones laborales, del objeto de su mayor interés, amor y preocupación, en cada intervalo, en las idas y venidas, piensa en él y hace planes para los días que podrá dedicar íntegramente a compartir con él... y lo hace naturalmente: esos pensamientos y planes salen de su corazón y de su mente en los espacios que otros quehaceres le permiten... Realmente su hijo es lo más importante para ella...

Así podemos calibrar qué es lo más importante para nosotros hoy, en el lugar y circunstancias en donde nos encontramos... qué es lo que nuestro pensamiento busca en los espacios libres de los diarios quehaceres? ... eso es lo más importante... y no hace falta programar horarios especiales para dedicarlos a lo que verdaderamente amamos y deseamos; simplemente nuestro corazón y nuestra mente nos llevarán a dedicarle siempre el lugar de preferencia, sin abandonar las cotidianas obligaciones...

¿Qué es lo más importante en mi vida?

viernes, 4 de enero de 2013

ACRECENTAR LA CONFIANZA

El Padre de verdad nos ama. Podemos sentir y palpar su amor en momentos particulares de nuestra vida. Sin embargo el desaliento surge cuando tropezamos con dificultades o frustraciones que pueden ser materiales, mentales o espirituales que nos hacen sentir abandonados o rechazados.

La fe tiene toda la fuerza para ayudarnos a salir adelante, pero no siempre según nuestros planes y caprichos. Ahí es donde surge la necesidad de confiar en Aquel de quien todo don bueno y verdadero proviene.

Confiar en Dios en medio de la oscuridad mental que nos produce un fracaso o un inespersado sufrimiento, es un esfuerzo consciente de la voluntad que puede parecer imposible a nuestros sentimientos de descepción y de rechazo ante el solo pensamiento de Dios y de su amor.

Si, a pesar de tal oscuridad, levantamos la voz sobre el ruido de los sentimientosde rechazo o de depresión que nos inundan, para renovar nuestra fe y poner nuestra confianza en el amor y la sabiduría del plan que nuestro Padre tiene para nosotros, tendremos la respuesta inmediata en una forma más elevada de paz interior. Podremos decirnos con certeza : Dios sabe esto y Él me ama. Así que, aunque yo no perciba cómo lo hará, sé que me mostrará el camino y me llevará a una situación mejor, esencialmente mejor que la que mis deseos puramente humanos pueden desear.

No importa cuál sea la naturaleza de tus sufrimientos, de tus temores, de tus problemas... aunque no se los puedas confesar a nadie, Dios sí puede con ellos, no se escandaliza, no está listo a cstigar, no conserva memoria de pasadas desobediencias tuyas... Si en tu corazón deseas verdaderamente ser honesto y sincero,  puedes confiar cualquier motivo de angustia que tengas al amor de tu Padre. El es quien verdaderamente puede encontrar la mejor solución para tí.

Acrecienta tu confianza en Dios cada día, sea éste un día de alegría o de tristeza; es tu mejor forma de contar con un tesoro siempre disponible para los momentos adversos.